Ayer, pudo haber sido un día normal de semana santa, sin embargo y con el significado espiritual que tiene ese día me toco tener un encuentro con alguien que ni me había pasado por la cabeza conocer.

Se llama Xavier, es  hondureño, y lo conocí cuando se me acerco a preguntarme por la ciudad. Tenía buena facha, tendría, tal vez unos 50, y una expresión de cansancio en el rostro. Me comentó que acababa de llegar a la ciudad, que el trailero le dijo que no estuviera en esta zona por que la policia lo levantaría (en la zona de Cumbres en Monterrey) y que no le recomendaba dirigirse a la frontera por la cantidad de militares que había apostados en estos momentos. Me preguntaba por una iglesia que ayudara a los inmigrantes.

Por la situación que hemos vivido en Monterrey en los últimos años, he aprendido a desconfiar de quien se te acerca en la calle, a negar toda información posible, y también a salir corriendo de donde te estaban cuestionando. Sin embargo, algo en el me inspiró confianza. Su facha, no era la de un hombre malo, y la humildad en sus expresiones, en sus preguntas me indicaban que no era alguien peligroso.

Me contó en breve su historia, y me preguntó por donde era mejor irse para EUA, también donde quedaba la iglesia que podría ayudarlo. La verdad es que en cuanto a la iglesia, aún no tengo la menor idea, y le comenté lo mismo que el trailero en cuanto a lo difícil que era ir a cualquiera de las fronteras, que aunque los militares registraban los autos en busca de armas y drogas estaban pidiendo los papeles de identificación a las personas que reconocían como extrajeras. Fue cuando entonces me pidió dinero.

Si fue una estrategia para ganarme su confianza y solamente sacarme su dinero la hizo muy bien, pues, contrario a lo que suelo hacer cuando me piden dinero, le ofrecí algo un poco mas allá. Lo invite a comer una hamburguesa. Mientras comía me comento que el había salido de su país por que no le alcanzaba ni para comer. Su casa se la habían quitado unos empresarios reclamando la propiedad y en el desalojo había perdido todo. Dejó a su familia para buscar dinero EUA, pues había visto como muchos amigos de él regresaban a Honduras con muchos dólares. Uno de ellos le propuso irse con él a perseguir su sueño.

Cruzar centroamérica para él no fue tan difícil como estar en México. Cuenta que estando en Chiapas unas personas los golpearon y los amenazaban con ametrlladores, el alcanzó a escapar. Pero a su amigo se lo llevaron, piensa que probablemente fue la Migra Mexicana. Le habían comentado que ellos eran peores que los gringos. Y así separado de su amigo, “el guía”, decidió seguir, hasta que llegó a Monterrey.

Al perecer no estaba tan temeroso de que lo devolvieran, sino que le tenía más miedo a que le hicieran daño que el que lo deporten. Piensa mucho en su familia y más en su esposa, con quien, después de 7 meses de estar viajando y caminando, no había podido comunicarse con ella. Le ofrecí mi telefono para que le marcara, sin embargo me dijo que ella no tenía, que tendría que esperar a a que fuera el 30 para marcarle. Se habían puesto de acuerdo para que cada 15 días esperara su llamada en una caseta telefónica entre 2 y 5 de la tarde.

Al terminar de comer, le ofrecí llevarlo a una iglesia cercana, y lo llevé un comedor del padre Infante. Le comente que ahí encontraría comida y personal de iglesias que podrían orientarlo. Saque la cartera y le regale los ultimos $100 que tenía en ese momento.

Ahora que es domingo, a casi 24 horas del “suceso” sigo admirado de la fuerza de voluntad para hacer ese trayecto a escondidas. Xavier, es alguien que tiene mucha necesidad de salir adelante y sobretodo sacar a los suyos adelante. Tristemente Honduras no le ofrece la posibilidad de lograrlo, y tampoco México, por lo que, a su opinión, vale la pena intentarlo en EUA, donde la paga es buena en comparación.

La lección que me ha dejado es ver lo afortunado que soy al no tener la necesidad de hacer lo que hace Xavier. Que Dios lo bendiga en su trayecto y llegue, al final, bien con su familia. Fue un placer haberlo conocido.