And so, it just happend…

Eran las 3 de la mañana y ya tenia los ojos abiertos por la impaciencia de que llegara la hora convenida. S estaba a mi lado haciéndose la dormida, estoy seguro de ello. No puedo comprender que estuviera descansando sabiendo que en solo unas cuantas horas iniciaríamos esa aventura que pocos tienen la desgracia de no vivirla.

Durante los 7 meses anteriores todo fue hecho a las prisas. Es cierto, no lo habíamos planeado, sin embargo, la noticia de su próxima llegada arrancó la maquinita interna en donde la mente se echa a volar haciéndose de ilusiones y sueños. Pero también hizo que me diera cuenta que mis pies estaban volando demasiado alto y saber que la fecha limite estaba predestinada y era inamovible. ¡Qué presión!, ¡Qué ilusión! ¡Qué aventura!

Y esta noche, todavía mas lento el tiempo pienso en lo que se acerca, francamente me sentí nervioso. ¿Si algo sale mal?, ¿Si… cualquier cosa? Retiré esos pensamientos indecisos de mi mente y pienso mejor en mi futuro con ella. Lucha libre, futbol americano, conciertos, kinder, escuelas, novios… ¿novios? Seguí sin conciliar sueño.

Dieron las 5:30 am me acerque al despertador y lo apague antes de que sonara. Beso a R en la panza de S y por supuesto a S… la felicito por ese día. Cada movimiento que hice lo hice con un sueño en la cabeza.

Milagrosamente salimos a tiempo. Llegamos al hospital, nos registramos y en un ratito de nada, estaba sentado como un gigantesco pitufo con cámara en mano esperando la autorización de entrada al quirófano, donde S estaba siendo cortada para sacarle a R de sus entrañas.

Fueron los 5 minutos mas largos de mi vida. No sabia que estaba esperando, las dudas saltan, las preocupaciones se agigantan, la ansiedad aumenta. ¿Porqué se tardan en hablarme? Los médicos y enfermeras pasaban frente a mi y les veía en la cara la duda de quién sería yo. Mis ojos les buscaban en sus caras ese signo de autorización a entrar al quirófano. Nada. 2 minutos y empezaba a sudar, a preocuparme. S estaba siendo operada, ¿se habrán olvidado de mí? imposible, pero, ¿y si algo salió mal y por eso no me han hablado? Pinche angustia, peor desesperación. De repente… Pronuncian mi nombre.

Cámara en mano brinco de la banca, el corazón palpitando a 100 mil por hora. Escucho con la mayor atención las indicaciones de la enfermera: “no toque nada de los instrumentos”… sentía el piso helado, aun y que mis pies estaban forrados de algodón, cuero y papel… “no toque ninguna de las ropas de los médicos”… ¿médicos?, ¿que, son muchos? No hay nada que te prepare cuando eres un novato como yo, pero ahí estaba con la cámara desenvainada y la emoción guiada por mi corazón.

S estaba como en crucifijo, los aparatos estaban conectados, el quirófano sonaba cual disco de los ochentas con “maldita primavera” en el ambiente. Son extraños estos médicos. Me acomodo en la cabecera, veo a mi esposa, acostada con su cara de nervio pero tranquila, me comenta que no siente nada y yo ni siquiera puedo voltear a verla. La doctora le indica que la va a empujar, fue entonces que sale R, de repente, como si nada… “it just happend to me… life happened”

Todo cambia en ese momento, la forma en que ves la vida, la vida misma, las esperanzas, las promesas, los sueños, no son nada cuando me entregan esa pequeña criaturita de 3 kilogramos de carne, hueso, sangre, corazón, alma, amor y esperanza. Basta el mero instante en que la tocas con tus manos y ocurre esa epifanía de la que me habían hablado muchos pero que no había experimentado. El mundo, la vida, el universo tienen una dimensión diferente. Cuento mis latidos para hacer que cada uno que tenga no sea malgastado.

Días después ya estamos en casa, las recomendaciones eternas de mis amigos surten efecto: debí de haber dormido lo mas que podía antes. Ya el primer día estoy viendo las consecuencias de no saber como tener un hijo. Ya van dos noches en vela casi total y es muy seguro que sea así el resto de la semana. Pero las fuerzas me salen solas al verla llorar en su “moisés” a plena media noches y tienen sus recompensas cuando la cosita apenas de 50 cm y 3 kilos acomoda su cabeza y su cuerpecito en mi antebrazo izquierdo, su manita me agarra mi pulgar derecho y su boquita y ojitos se abren redondos casi perfectos al bostezar para después dormir tan profundamente que solamente la explosión del sol después de haberse convertido en supernova podría levantarla… o mas bien, el ligero sonido de su pancita diciendo… “tengo hambre”… priceless.

Anuncios