Sabado, 6 de Agosto, 2016

8:00 de la mañana y la casa aún está callada. El café recalentado acompaña mi reflexion, que junto con el sofá me hacen sentir de alguna forma relajado y estresado a la vez. El abanico de techo empuja la circulacion del aire matutino que ya empieza a sentirse caliente. Bendita ciudad calurosa, no me arrepiento de haber regresado pero lo único que si desearía haberme traído conmigo es el clima de Guadalajara. La casa en silencio invita a descansar, a disfrutarla, a detenerte, e inevitablemente pensar y extrañar. 

Extraño a mi hija, es la única de mi familia que heredó la manía de ser Morning Person, después de levantarme ella me sigue temprano a preparar mi café, y con una sonrisa siempre se recuesta en mí. Sí, hay problemas y retos que resolver, pero ese momento es perfecto. Le agradezco a la vida el haberme dado la oportunidad de tener una hija. Me llena de alegría, me gana en todo, me dobla las rodillas, me hace querer hacer todos sus caprichos con su sonrisa. Su caminar lento y suave y su gusto de usarme de experimento y juguete al mismo tiempo. Estiy rendido ante ella y no puedo hacer nada al respecto. Me hace falta mi hija, pero como toda niña busco quedarse a dormir con su abuela. Esta mañana no está completa si no está ella. 

Y en este momento baja mi hijo de 4 años. Sus piecitos no hacen ruido en las escaleras y me doy cuenta de su presencia sólo con escuchar su sorbido de mocos. Me dice que ha soñado con que Santa le invitaba a jugar unas carreras en su auto verde que sacaba de la máquina que fabrica hielo y que le ganaba por ser el más veloz. Se me está acostando encima de mis pies y ya no respeta el hecho de mi profunda reflexión. Me pide una taza de chocolate con leche para tomar también de taza como lo hago yo y me dice que su estado le dice que tiene hambre. Como todo niño, supongo, pero con su particular y único interés, este chaparro llega a complementar esa parte de mi vida que adoro. 

No lo voy a negar, en ocasiones muy seguidas es muy difícil estar con ellos. A veces me siento incapaz de mantener su ritmo. Pero, si no fuera por ellos, tendría una vida de soltero, demasiado tranquila y tal vez sin las emociones excitantes que tenemos los padres. No lo cambio por nada y menos me arrepiento de ello. 

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